31.5.08

Dia 1





Shanghai. Dato oficial: 18 millones de habitantes.
Tras un vuelo largo, un aeropuerto casi desierto y un viaje en taxi casi suicida, me he sumergido en una ciudad de permanente bruma contaminada que vela el horizonte, donde se junta cemento y azul.
Huele a producto químico, como a mezcla de ácido y alquitrán. Me parece que es el río, y por ende, toda la ciudad. Parece una ciudad recién salida de una guerra, todo esta a medias o cochambroso. No es dramático, pero son tintes que tiñen cada esquina.

El hotel en el que me hospedo está casi en medio de todo, lo que no deja de estar lejos de todos lados, tan grande es esto. El aire a ratos escuece la garganta, pero no tienes la sensación de respirar humo todo el tiempo como sucede a veces en Barcelona. El tráfico no hace caso de señales, se autorije. La diferencia entre el rojo y el verde es que el segundo te da derecho a pitar cuando se te cruza quien sea, porque como peatón, da igual el color que tengas, pasa corriendo siempre. Motocicletas eléctricas y autobuses mutados a tranvia se abren camino entre bicicletas y coches a partes iguales.

He logrado hacerme entender con mi nada de chino y su poco de inglés en casi cualquier sitio, porque si hay ganas… a veces me siento ridículo, pero les ves en la cara las ganas de entendimiento, no como los países en los que ya se han hartado de esforzarse.

Teléfono móvil: 40€

Tarjeta SIM (saldo desconocido): 10€

Comida a base de cigalas con verduras: 5€

Cena a base de fideos, cerdo y huevo: 2€

Galletas: 40 céntimos

Media hora de taxi: 15€

Propinas y limosnas: 2€

Posible gasto de conexión hoy: 6€

Agua 1.5l: 6 céntimos

Cocacola .6l: 35 céntimos


Mires donde mires ves edificios, a cada cual más alto. Lo que no se leer en las estrellas lo hago en estos mastodontes que se ven desde cualquier punto mirando hacia arriba mientras no te lo tape otro más cercano. Zonas prohibidas donde guardas de seguridad gritan desde su caseta que no entres con esa cara de occidental. De momento no he tenido sensación de peligro ante amigos de lo ajeno, igual ayude que les saco dos palmos a la mayoría… las caras de sorpresa o curiosidad no escondían muecas de codicia.

Entre grandes avenidas se abren callejuelas estrechas donde se aprecia bullicio vecinal, ropa secándose en la calle colgando de cualquier cable. Si el Banco de China estaba desierto, la calle y los comercios revientan. Donde esperas ver a cuatro personas atendiendo a clientes, hay treinta. Claro que el resto charla, a gritos, mientras tanto.

Mañana toca consulado y visita a pisos a ver cual me quedo.

Si alguien quiere especular en Shanghai, hay de sobras.


pd. tengo problemas con la censura en internet China, me es imposible ver el aspecto final del blog, así que no se como esta maquetado.