28.6.08

Dia 29









Ayer conocí a una española cuyo contacto tenia antes de irme, Patricia. Arreglamos una cita para vernos, y me desplace hasta allí en metro. El “carro de fuego” como dicen los chinos me dejo en un barrio en el que abundan los bares, nada mas subir las escaleras me encontré con un Kentucky donde me senté a esperar. El lugar parecía tomado por la policía, cinco agentes a mi alrededor. Una señora ata su dálmata a una señal, canino casi el doble que ella, que la pasea arrastrándola por aceras húmedas aun de la llovizna diaria. Patricia me recoge al rato y me lleva a un restaurante donde cenamos con una docena de extranjeros venidos de todo el mundo, en su mayoría féminas. Cenamos tranquilamente, pero sin un ápice de integración por mi parte. No es que me faltasen ganas, simplemente me pareció que no encajo con ellos. Como un crío rodeado de adultos que apenas encuentra momentos para intervenir con algo interesante, a pesar de la banalidad de las conversaciones y que todos rondasen mi edad.
As’i pues de vuelta a casa, para variar, me pateo el barrio, buscando la parada de metro para coger el ultimo, sin mucho convencimiento de querer encontrarlo. Finalmente un taxi me lleva a casa, un viaje que en metro parece una exhalación, y en taxi suponen casi 50 yuanes (viaje largo uno de 50).

Hoy he visitado el Shanghai Exposition Center donde tenia lugar la feria 100% Shanghai design donde me he encontrado con Daniel y un par de compañeros suyos del trabajo. Me ha parecido pobre, sin nada de diseño chino, con un puñado de empresas extranjera y poco mas. Al llegar a la feria, un tipo me ha asaltado hablando en una mezcla de ingles y chino, de piel cenicienta y pelo ralo para se chino. Me ha colado por la mitad de lo que cuesta una entrada.
Por la noche antes de volver a casa he recibido mi primer masaje profesional de mi vida. Entro en un local, y conducido por un estrecho y oscuro pasillo, apenas iluminado por una televisión en una habitación al final de este, llego a una escalera que muere en un rellano con varias habitaciones con camas de masajes. Todo esta en penumbras, incluso cuando me tumbo en la camilla. Un chico ciego clavaba sus codos en mi espalda con todo su peso, haciéndome dudar si estaba recibiendo tortura en vez de masaje sanador.
Aun dolorido me marcho a casa. Fuera sigue lloviendo, hoy ha caído una de rabia monzónica durante casi todo el día destruyendo paraguas y mojando tanto a precavidos como a incautos.

nota: ahora escibo con un teclado ingles, no vereis acentos en algunos trozos del texto.

25.6.08

Dia 26










Tras varios días con problemas de conexión, parece que de nuevo se ha estabilizar el tema. Antes de nada aclararos a algunos que tras Nueva York me vuelvo a Shanghai, si me dan visado. No vuelvo a España.
Estos dos últimos días no han reportado muchas novedades, pero hoy me he encontrado con una amigo de Gerard, un chico madrileño llamado Daniel que lleva varios meses aquí, un destino temporal en su vida profesional según parece. Nos hemos pasado la tarde charlando de Shanghai y nuestras vidas de expatriados, aunque yo no lo sea en el sentido riguroso. Me ha llevado a cenar a una terraza desde donde se podia divisar el río, el Bund y Pudong iluminado, una vista digna de restaurante de lujo a cambio de una pizza de carne. Hacia un fresco agradable y, afortunadamente, durante la cena no ha llovido.


De camino a nuestra cena en el Bund se agolpaban pedigüeños, lisiados y niños albinos a nuestro paso, insistiendo en limosnas como nunca antes había experimentado.
Daniel se ha ofrecido a encontrar un piso compartido mas interesante que el actual a mi vuelta de Nueva York. me ha ensenado lugares "de occidentales" y me hemos compartido puntos de vista de la situación económica de aquí y de allí.
Quiero vincularos aqui varios videos de ambiente de los últimos días:
Video de cuando fui a la Pear Tower, nada mas salir de la estacion de metro. enlace
Video de una callejuela de Shanghai. Tras de mi tatuadores frente a la acera mancha
ndo piel con sus agujas. enlace
Este otro es en People Square, un cruce en una calle ancha donde casi te juegas la vida cada vez que pasas. A mi izquierda queda el mmuseo de organizacion urbanistica. enlace
El ultimo co
rresponde a un largo paseo peatonal no se muy bien donde, en una de mis excursones de perdida por la ciudad. Un abuelo toca un instrumento de cuerda tradicional mientras las ranas croan a mi alrededor, en un paseo de piedra rodeado de agua. enlace

nota: ahora escibo con un teclado ingles, no vereis acentos en algunos trozos del texto.

22.6.08

Dia 23






Hoy amanece fresco por fin. Los últimos dos días han sido un infierno.
Anteayer fui al templo de Jiang'an, siguiente parada tras People Square en la Linea 2. Se alza majestuoso entre edificios de media altura, junto a un centro comercial. Ha sido remodelado en su exterior, y para mi decepción, acoje en sus muros tienduchas de corte souveniresco.
La entrada de 10 yuanes se paga en una taquilla que es apenas un agujero en el templo junto la puerta. Dentro en el patio interior, tras una ofrenda a un carrito metálico puedes cojer incienso. Después te acercas a unas llamas para tal efecto y lo enciendes. El rezo se hace a los cuatro puntos cardinales, inclinándose tres veces por lado, con las manos unidas a la altura de la frente y el incienso ardiendo en ellas (según he observado y reproducido).
Después puedes dejar que el incienso siga consumiéndose en unos altares donde cientos de plegarias humean invadiendo de olores todo el templo.
La entrada a la sala del Buda debe hacerse por la puerta central, y salir por las laterales. En este templo hay dos budas grandes y dos pequeños, en dos salas distintas.
Haces tu rezo sobre un taburete acolchado con un arrodillado y juego de manos que a primera vista me pareció demasiado complicado como para reproducirlo, así que lo simplifiqué a mi manera. Al fin y al cabo, es el primer rezo que hago en mi vida, seguro que a Buda no le importa mi inexperiencia y en su infinita sabiduría me mira con ojos benevolentes. Arrojo toda mi calderilla por si su benevolencia no fuese la suficiente para perdonar mis pecados.
Al rato, callejeando, una señora mayor pasa en una bicicleta con remolque donde lleva basura varia por una calle atestada, pedaleando como puede y con el esfuerzo en la mirada. Al doblar la esquina, una abuela que no me llega al pecho me grita en chino y a la cara, mirándome fijamente y de cerca con las manos hacia arriba. Veo sus dientes, que se cuentan por ausencias. Me siento como el personaje maldito de alguna película de aventuras al que una bruja le augura su inminente destino fatal.
Ayer tuve mi primera clase de chino con mi language partner Wen. He comprado un libro de chino, como buen estudiante que soy, y la primera clase ha consistido en estudiar el árbol familiar. Los chinos llaman a los padres por parte de madre y de padre de forma distinta. Hay que sumarle al "padre o madre" que también existe el "papá y mamá". Por lo tanto tengo que aprender los caracteres chinos para todo ello, así como la fonética y su transcripción... esto es una locura. Pero ya lo sabía.
Hoy tocaba visita a los jardines botánicos y a una pagoda. Pero cuando me bajado del autobús se ha puesto a llover a cántaros. Así que después de comer me he plantado en el Super Brand Mall, y he entrado en una casa de te llamada Rose House. Allí he estado estudiando chino mientras me cobraban 50RMB por un té que, francamente, estaba delicioso, con unas pastas que valían su peso en oro pero, de nuevo, no tenían desperdicio.
Así que la visita se queda para otro día.





20.6.08

Dia 20









Hoy Shanghai amanecía sin lluvia pero sembrado de charcos. Por primera vez su techo asomaba azul, pero sin emoción, como una cúpula que se difumina hacia los extremos. Tal cual salgo a la calle, me azota el aire caliente en la cara como un secador. Como supuse, vasta que se vaya la bruma para sufrir el sol de justicia de Shanghai. De local en local en busca de aire acondicionado, un una humedad que pesa sobre los hombros como una cruz.
En la calle chiringuitos cocinan pinchos picantes de carne, consistentes en una barbacoa con ruedas remolcada por una bicicleta. No es recomendable comprarlo, pues aunque lo vendan como "porck" puede ser gato, perro o incluso rata, se comenta en corrillos. Otros puestos ambulantes preparan sus comidas para los mismos que desayunan arroz soso con huevos hervidos, y se sorprenden que el aceite de oliva se coma.
Ayer conocí a un grupo de chinos de los cuales parece que tendré uno o dos "language partner": yo enseño algo de inglés, y ellos me enseñan algo de chino. No es un mal comienzo, dado que hoy por hoy no puedo apuntarme en una academia.
Ceno una platos típicos chinos, noddles (spagettis de arroz), pollo frio troceado con una salsa especial y sopa de pollo con sangre de pollo cuajada. En pin yin es: miàn tiáo, ji ròu y ji xue tang.
Noche bochornosa donde las haya, las ranas siguen croando fuera sin ritmo por oleadas. Con esta humedad la ropa tarda dos días en secarse. La botella fría de refresco suda encharcando la mesa.

17.6.08

Dia 17







Una mañana más amanece con el sol tímido entre unas nubes bajas y densas. Shanghai se despereza tímido con una llovizna tan fina que hasta que no estás debajo no te das cuenta que está presente, pero refresca sin mojar, miles de gotitas flotando al compás de la brisa.

Me subo al autobús 639 que cierra las puertas cuando apenas estoy subiendo. El conductor, canoso y despeinado se pelea con la palanca de cambios para meter la segunda. Transbordo tras transbordo me planto en People’s Square una vez más, esta vez rumbo al Shanghai Museum. Entrada libre. Cojonudo. Edificio de ladrillo marrón de cuatro pisos, espacioso y con su arte bien expuesto en vitrinas iluminadas pero con la sala a oscuras. En el primer piso, herramientas de cobre de la edad de cobre china. Me hubiese bastado solo con esta exposición, por lo extensa e interesante que resulta. Las primeras épocas, simples jarras para vino, más tarde se incorporan recipientes para comida y culmina en instrumentos de música y armas. Pero el museo acaba de empezar a dar sus frutos. Sellos, caligrafía china de los maestros de cada dinastía, pintura, moneda entre ellas una recopilación privada de las presentes en la ruta de la seda, trajes étnicos, escultura y muebles de la dinastía Qing y Ming, cerámica… pero lo más importante, porcelana china principalmente Ming y Qing. 3000 años de historia. Abrumador. Casi cuatro horas después estoy molido y me encuentro con una exposición de arte griego clásico con motivo de las Olimpiadas. Abandono el museo como se deja un museo así, con las piernas doloridas, la espalda cargada y el estómago vacío.

Me dirijo a un restaurante conocido y pido para dos. Me lo como yo todo. Por la mitad de un menú en Barcelona he comido como un rey. Vuelvo a casa un rato, pero la red no funciona, así que dejo para mañana lo que puedo hacer hoy y me vuelvo al bullicio del centro de la ciudad. Me pierdo por callejuelas, fotografío edificios que no han sobrevivido al paso del tiempo pero aun agonizan en esta ciudad que lucha por modernizarse, herrumbrosos, sucios, rotos. Un placer para la vista.

Negocios del tatuaje se abren ante unas aceras que emanan efluvios pestilentes a cada paso. Andamios de bambú y alambre cubren edificios de diez pisos, entre los cuales me veo asaltado por vendedores de camisetas, relojes, cámaras… algunos no entienden la negativa ni a la décima. Se me hace tan tarde que han dejado de pasar los autobuses, así que la mitad del camino de vuelta lo hago a pie, con las piernas cediendo bajo mi peso clamando descanso. El turista se mete en el sobre.

14.6.08

Dia 15







Más de dos semanas después de mi aterrizaje en Shanghai visito mi primer museo. Sala de exposiciones de organización urbanística de Shanghai. Un edificio majestuoso de arquitectura extravagante se alza junto a People's Square. Si hay un centro en Shanghai, es este. No vale el pase de prensa, pero la entrada de 20RMB no es excesiva. La chica de la taquilla de entradas me tira la tarjeta a la cara con desdén, diciéndome que los precios son los que veo en el cartel. Si no figura "press" es que no vale "press". Levanta sus cejas pintadas preguntándome si soy acaso estudiante. La próxima vez usaré el pase de prensa para hacerme pasar por estudiante, siguiendo los consejos de Adam...
La sala de exposiciones es digna de ver mayormente por la monstruosa maqueta a escala de la ciudad en el segundo piso. No creo que esté toda la ciudad, pero son como 200 metros cuadrados de arbolitos y casas liliputienses. Una galería fotográfica te pasea por la historia de Shanghai desde su aparición por allá en el 300 AC como población de pescadores. Por supuesto las fotos en sepia hasta 1900 son montajes, pero muy logrados. Por un momento te crees que antes de que se inventase el engranaje o la polea, los chinos tenían cámaras. No obstante se nota que las anteriores a 1900 (aprox) tienen una nitidez que no se recupera hasta 1970.
Pues gran parte de la zona expositiva está dedicada al plan urbanístico pre 2010 (Expo Shanghai) en la que pretenden cubrir media ciudad de una alfombra de césped y árboles, millones y millones de árboles, y rehacer media ciudad para entonces. Ya se sabe, en China si estás en medio te apartan de una patada, lo que haya que derribar se derriba, y se abrirán grandes parques en el Bund y demás zonas concurridas y relevantes para la ciudad.

Dentro de esos planes está Chongming. Para los que no les suene, es la isla más grande se China, justo al norte de Shanghai. Ahí el gobierno pretende construir una isla 100% sostenible, con una ciudad de unos 125000 habitantes (en la isla viven ahora 625000, no se que harán con el resto... igual planean que sean los agricultores) con una industria que no contamina, campos que abastecen la ciudad... un ecosistema perfecto vamos. En 50 años toda China se morirá de cáncer por la polución, pero los Chongminguenses no.
Al margen de maquetas y proyecciones varias, la sala de exposiciones tiene algunas salas cerradas con la excusa de "preparando nueva exposición" aunque canta que la falta de mantenimiento ha obligado a cerrarlas.

La vuelta a casa, aproximadamente de una hora, se pasa medio enterrado medio en autobús, fuera llovizna y rezo para que no arrecie. Se abarrotan los transportes públicos y… ¿quien quiere lluvia ácida, aun con paraguas?
Mañana pretendo ir al museo de Shanghai, también en People's Square.

Después de este capítulo creo que mañana la Gestapo china me echa sin esperar al 11 de Julio, salida confirmada a Nueva York.

12.6.08

Dia 12






Anteayer llovió todo el día, con un goteo constante. La niebla de Shanghai engullía furiosa los edificios, bajando su techo blanco hasta apenas los 200 metros. No fue un buen día para salir de casa.
Pero ayer fue un día trascendente. Amaneció sin novedad no obstante, lleva ya unos días que no para de llover. En mi ruta habitual de metro y autobús me planté en la Oriental Pearl Tower. Un gobierno que no quiere periodistas no les pone facilidades, así que mi pase de prensa no aporta ni siquiera descuentos en China. Tras la operación de extracción de riñón y 150RMB, me encaramo a la torre insignia de la ciudad. Por las ventanas un cambio de perspectiva, miro de frente a los rascacielos rodeado de turistas chinos y lo que parecen periodistas bohemios occidentales, con barba descuidada y arrugas de viajero en la cara, con mirada ausente en el inexistente horizonte.
Me voy con la impresión de que los 15€ de entrada han servido para cumplir con la obligación del turista y que el espacio podría estar más enfocado a la espectacularidad. El ascensor escala por una estructura acristalada hacia la cúspide, pero este es inexplicablemente de opaco acero.
De nuevo paso por el Super Brand Mall, donde occidentales rubios y obesos comen en el Mc Donalds con su patetismo y sus dietas desequilibradas.

Visito el consulado español en Shanghai para mi cita con el cónsul. El consulado está en el número 12 de la calle Zhong Shnag Dong Yi del Bund. Un guardia de seguridad alto y delgaducho te preguntará donde vas y te dirá el piso en el que lo encontrarás. Ascensor de madera y espejo, botones de latón gastados. Tras esperar casi una hora a que el señor cónsul acabase con su reunión, accedo a su espacioso despacho. Antonio Segura Moris me recibe con cercanía, me da la mano y me pregunta desde una distancia peligrosamente corta como para resultarme cómoda "¿que tal estás?". Esa distancia que se reserva a los amigos íntimos se transforma en un tu a tu en unos sofás de piel más cómodos y menos impersonales que el escritorio de despacho. El cónsul habla como el que ha repetido mil veces la misma cantinela o sabe que el interlocutor conoce el discurso, acabando las frases en susurros, atropellando las últimas palabras con los ojos vueltos restando importancia y declarando que es materia sabida por ambos. "Los occidentales tratamos a China como si no fuese una dictadura". Al Principio el señor Segura, hombre mayor pero aparentemente vigoroso y bien alimentado empieza la conversación cual mero trámite que desea despachar cuanto antes, yendo al grano, con preguntas rápidas, concisas y con poco tacto. Al rato de conversación parece estar más complacido y se acomoda en el sofá con una actitud más receptiva. Al marcharme me da la tarjeta oficial del consulado y su tarjeta personal con el teléfono de casa. "Esta es para la gente especial" dice. No obstante tiene las especiales en el especial sito al lado de las no especiales.


El señor Segura confirma mis temores: si estan denegando prorrogas de visado a estudiantes y profesionales, yo no lo voy a obtener como visitante. Necesito salir del país para obtener un visado nuevo.
He decidido aceptar la invitación de Anna de ir a Nueva York, donde ella va a estar este verano. En un mes cojo el avión.

Video desde Pearl Tower.


9.6.08

Dia 9





Ayer estuve paseando con mi compañero de piso Jean Pierre, un africano negro e ingeniero de 34 años. Un blanco y un negro paseando por Shanghai. No digo más.

Estuvimos comprando en el Super Brand Mall (video ambiente), simplemente algo de comida que no puede encontrarse en otros sitios, aceite de oliva por ejemplo (40RMB 250ml, el barato, pero con la amargura de los buenos aceites arbequinos).

Paseándonos estábamos cuando me reveló que Shanghai es una ciudad contaminada por la industria que la rodea, que al estar afincada en China no tiene que cumplir casi ninguna normativa para evitar los vertidos al agua o al aire. Pero eso no es ninguna sorpresa. La sorpresa vino cuando me dijo “Shanghai no está tan mal, de hecho, es la mejor de China”. Si la bruma contaminada se la ciudad me parecía algo exagerado, el que pueda ser peor me escandaliza… no puedo siquiera imaginar una niebla más densa, apenas transluciendo los edificios más cercanos. Pero Shanghai es una ciudad cuidada por el gobierno, y ciudades como Beijing (Pequín) parece que están peor. Bueno, en realidad, todas las demás lo están. Yo si no lo veo no lo creo.


Por la noche hice pa amb tomàquet y anchoas, Quería preparar algo típico, y los ingredientes que encontré dieron para eso. Rematado con un huevo frito… ¡como en casa! Pero para los chinos eso de comer pan por la noche es peor que para nosotros desayunar arroz con pescado (ellos lo hacen). Así que Bruce (el padre de Tou Tou) sólo comió una tostada. Jean Pierre y yo nos comimos el resto de la barra. Él quedó entusiasmado… y eso que el aceite de oliva lo usa su mujer para untarlo en la piel; el mismo que cenamos anoche. Que aberración.

8.6.08

Dia 8





Hoy domingo ha amanecido igual de caluroso que anoche, pero sin el ensordecedor croar irrumpiendo por la ventana. Pero mejor empiezo por las andanzas de ayer...
Por la mañana como hasta ahora, la luz y el ruido me han despertado. No conozco el sueño apacible en Shanghai.
Tras un breve y frugal desayuno me descolgué hacia la estación de metro. Mi ruta iba a ser autobús (2RMB) hasta la estación de Lancun Lu linea 4, trasbordo a la linea 2 en Century Av. y después apearme en Liujiazui Lu (nótese que Lu es calle, y me da que dicen "lu" porque es como un chino intentaría decir "rue" en francés).
Así lo hice pues. A esas horas el metro donde abunda el blanco, está limpio y funciona bien aun no está abarrotado de gente. Podéis ver un vídeo de ambiente aquí.
Al salir a la calle por la salida 3 me he encontrado de sopetón ante dos gigantes de acero, hormigón y cristal que casi me tumban de espaldas. Cuando he podido observar a mi alrededor, estaba en un valle rodeado por montañas. Pero esa sensación no es rara en Shanghai: la bruma que todo lo oculta te mantiene en la permanente sensación de estar en una pequeña ciudad de rascacielos, pues tras la primera línea todo se difumina. Más allá de 500 metros no se ve nada, así que no tienes impresión de estar en una megalópolis. Lástima de paisaje.
Entonces he caído en que aun no había visto la Oriental Pearl Tower de 468 metros*. Me ha bastado rodear un poco el edificio del que acababa de salir para ver majestuosa y llena de color, como un cohete alienígena la antena de televisión. Por supuesto, cuando la tienes en frente es aun más impresionante que cuando la ves en la distancia. Según me acercaba la densidad de turistas, mayormente chinos, se acrecentaba. También empezaron las ofertas de Rolex y supongo que visitas guiadas a la torre, o entradas... solo so que se acercaban con un tríptico de la torre en la mano.
Según me acercaba a las taquillas la confusión crecía, los chinos chillan mucho, no hacen colas, les gusta agolparse e invaden continuamente tu espacio. A demás una megafonía que se abría paso por encima de todos los ruidos, en una voz chillona, sabe Dios que decía, no ayudaba. Confuso también porque justo al lado de las taquillas de la torre están las de un restaurante con espectáculo, otras de un teatro... hay que estar atento porque está todo en chino y si te despistas acabas comiendo curry rodeado de ninjas.
Apenas dos minutos de cola, y me encontraba yo ante la taquillera cuando me doy cuenta que no llevo el pase de prensa. 135RMB por la entrada. "Hay mucho que ver, ya volverás la semana que viene con menos gente y la cabeza sobre los hombros".
Así que me he salido de la cola y me he dirigido al paseo a orillas del Hangpu. Allí he hecho unos bocetos de la ciudad al otro lado, he visto más occidentales de los que puedo contar con los dedos de una mano, lo que es novedad... y entonces he notado que era el día más caluroso hasta ahora. Ese calor que solo se siente frente a un horno, de aire asfixiante, calor irradiando del suelo... una vez más agradecí que el velo de Shanghai aplacase el sol que aun así, quema.
Mis pasos me han llevado al Super Brand Mall, otro centro comercial más de dimensiones inabarcables.
Suelos de mármol pulido, laberinto de escaleras mecánicas, plantas de distintas alturas que se entrecruzan pobladas de tiendas occidentales donde comprar a precios occidentales, por lo que puedes adquirir unos pantalones por 400 yuanes (o RMB, es lo mismo. Unos 40€uros) que para un chino medio es absolutamente prohibitivo. Si en Barcelona llevar Jack&Jones significa que te gusta ir de pijais, en Shanghai es que no te preocupa el dinero.
Abandonado el Brand Mall, me he dirigido al edificio de agujero. Como están ultimando su construcción para antes de las Olimpiadas, no he considerado oportuno molestar a ver si me daban una vuelta en grúa hasta su cúspide. Me he conformado con Jin Mao, que está al lado. Por la puerta 4 se entra al hall para subir al mirador. Como estaba sin pase de prensa he merodeado hasta que me he aburrido por la zona comercial.
Mi siguiente parada con el metro ha sido Nanjing Donglu, la calle comercial por excelencia de Shanghai. Mismo calor, más gente. Es una calle peatonal por donde circulan trenecitos turísticos sin cesar, donde venden más Rolex... una especie de Portal de l'Àngel a lo chino, es decir, 1Km de comercios. A medio camino está la People's Square, de la que había oído mucho y no me ha impresionado nada. He comido en "hello pizza" ante la imposibilidad de encontrar otro sitio decente para el papeo, pequeñito, barato y sobre todo climatizado.
De vuelta casa, al llegar de nuevo a la parada Lancun Lu, me ha sorprendido en la escalera una catarata. Con el ceño fruncido de extrañeza (el mió y el de la trabajadora del metro) me he asomado a las primeras paredes de cristal que conforman la estructura superficial del metro. Fuera una lluvia torrencial monzónica azotaba la ciudad con viento a rachas huracanadas y tal cantidad de agua que medio palmo sobre la acera se deslizaba no por concentración, sino por la exagerada abundancia del diluvio. Resulta que la estación tenía goteras (es como un edificio sin cimientos en Japón, ¿no?) y por poco que traguen, con una lluvia tal que en un día reventaría las presas catalanas, se transforman en torrente.
Vital se ha instalado en una esquina a esperar que amainase, junto con una concentración de lugareños mayor con cada metro que llegaba.
A la media hora los trabajadores del metro se han puesto a achicar agua con unas palas planas para tal efecto. Yo aburrido pero con mi sempiterna predisposición a arrimar el hombro, he cogido una y me he puesto a colaborar. Entre los agradecimientos de los trabajadores y las caras de incredulidad de los viajeros, han pasado una hora y media más de diluvio universal, goteras y ventiscas. Es como si la bruma de Shanghai se hubiese enfurecido y quisiese castigar a la ciudad, barriendo las calles con ráfagas de agua, pero a mi pesar, sin abandonar la ciudad cuando ha terminado. Parece, muy a mi pesar, que Shanghai nunca revelará una línea de horizonte. Me he ido de la estación con un botellín de agua cortesía del metro de Shanghai en agradecimiento a mis esfuerzos.

A las dos horas y con el ambiente más fresco, he podido volver. No sin antes comprar un paraguas a un vendedor ambulante por 18RMB, paraguas inútil ante temporal semejante, por otro lado. Por la noche el calor sofocante había vuelto, y miles de ranas croaban en la calle de la única forma que se hace todo en Shanghai, a lo bestia. El escándalo me ha pillado por sorpresa y al principio pensaba que era maquinaria oxidada trabajando en la calle. Curioso que las ranas no croan a un ritmo homogéneo, sino que hay ratos en los que lo hacen todas a la vez, y otros en los que no croa ni una.
Video de la lluvia desde la estación aquí y aquí.



*El edificio del agujero, Shanghai World Financial Center den492 metros será el más alto del mundo cuando lo acaben este año. Se inició su construcción hace 11 años.
La torre que tiene al lado es la Jin Mao den420 metros, la cuarta del mundo.

6.6.08

Dia 7








La lista de la compra de un europeo, posiblemente empice por:
- Harina
- Leche
- Cafe

Bien, pues en China no. En China, posiblemente a no ser que vayas a un Carrefour (aun no he tenido el placer de visitarlos aquí) en un supermercado normal, el brick de leche es un "lujo" como pone en el único que he encontrado: "deluxe", de 200ml como si fuese un zumo de piña y uva para el bolso.
Café... aquí si acaso encontrarias té, porque cafe no toman. Harina... no la he visto. Creedme que busco a consciencia. Tanto es así, que hoy en vez de tumbar a la derecha para ir al supermercado de siempre, he tumbado a la izquierda.
Misma calle, mismo paisaje, pero reflejado en un espejo. La ancha acera está llena de vendedores ambulantes, uno con escuchimiciados pimientos del huerto, otro prepara minipinchos de carne picante en una diminuta y asfixiada barbacoa. Otros venden gambitas vivas en bandejas de porexpan encharcadas de agua salada. De los comercios salen trabajadores de vez en cuando, uno a fumar, otro a mordisquear una fruta, cuyo corazón deshecha despues de una patada hacia la acera.
En vez de ser yo el turista que observa, hoy todo el mundo se giraba a mi paso. Igual en el centro de la ciudad estan algo más acostumbrados a los barbudos y rosados occidentales. Hoy todo el mundo me miraba, notaba sus ojos a mi espalda. Pero mi aventura pos las asias a valido la pena, pues en el otro supermercado he encontrado arroz. Sacos de 10Kg... pero también a granel. Nada de paquetitos de un kilo. Así que me he llevado como dos kilos en una bolsa de plástico. De vuelta me he dado un paseo por el barrio, y en una esquina invadiendo la calzada había un chaval vendiendo fruta, vistiendo casi en pijama, sucio y delgaducho. He cojido un racimo de uvas granates y grandes, y se las he tendido. Él estaba sentado en un cubo donde guarda el dinero así que tras quitar su trasero de él, lo ha escondido bajo una caja. Ha pesado el racimo y me ha dicho en chino lo que he entendido como un tres y un cinco ("san" y "wu"). He pensado : tres cincuenta. Pero no, me pedia 35 yuanes. Se los he dado, y me he ido con la cara de idiota que se le queda a uno cuando sabe que le han tomado el pelo por no tener los ojos rasgados. El dicho "me han engañado como a un chino" aquí no tiene posible aplicación.
Pero esto no quedará así.

5.6.08

Dia 6





El supermercado al que voy, que queda a un tiro de piedra, son 4 estanterías largas llenas de productos misteriosos cuyo contenido se adivina por las imágenes en los envases. Mismo panorama espera ante unas neveras llenas de productos con fecha de caducidad "ayer".
Nunca he gastado tanto tiempo inútilmente en busca de algo, en este caso arroz. No me cabe en los sesos que no haya arroz en un supermercado chino. Pero no hay manera, no aparece. Mientras vago por entre las estanterías, los trabajadores (tres chinas y un chino, una multitud para tan humilde comercio) se asoman y comentan entre risas que no me entero, que les voy a gastar el suelo de tanto pasar tantas veces por el mismo sitio. Tengo ganas ya de echarle mano al chino y al menos, poder despacharme a gusto preguntándoles si saben decir "arroz", con "erre". Podría preguntar donde demonios está el arroz... pero me rindo y me voy con un paquete de pasta.

Al lado del supermercado hay una tienda de tabaco. En vitrinas impolutas se exponen ejemplares del tabaco que en ellas se vende, paquetes de atractivo diseño y colores, francamente. Resulta que el 60% de los comercios en Shanghai son de móviles, refrescos o tabaco, no necesariamente incompatibles entre ellos, por lo que puedes encontrar una tienda de telefonía donde comprar té al limón (al estilo panadería de pueblo, que tienen de todo).
Al frente de la tabaquería hay un congelador de helados cubierta con un edredón, pues a este sol pocos congeladores pueden hacerle frente. Me he detenido, y una mujer rechoncha, desde el otro lado del mostrador dentro de la tienda me ha gritado "hello!". A lo que he contestado "do you have icecreams?". Su cara me ha comunicado instantáneamente que mis esperanzas de que al menos entendiese eso, eran vanas. Un personaje delgaducho y algo desdentado se ha reído a mi lado, con la cara girada hacia ella, y le habrá dicho algo así como "eso te pasa por intentar hablar inglés". Pero los chinos son chinos, no tontos. Así que era evidente que un occidental señalando una nevera de helados lo que quiere es, efectivamente, un helado. La señora con pasos rápidos y cortos, arrastrando unas zapatillas mugrientas me ha abierto la nevera que estaba rebosante de guisantes, helados de leche(lo he sabido por la vaca sonriente) y otras verduras congeladas en sus perfectos paquetes chinos. Me ha pedido 5 por cada uno. así que le he dado 10 yuanes. Lo bueno de la matemática es que no falla... siempre que la uses bien. Porque se refería a 5 "décimos" de yuan. Al darle la espalda la señora me ha dado varios gritos incomprensibles. Los dos helados me salían por 1 yuan, por lo que me sobraban 9. He comprado dos helados de leche (no había más, ni limón, que es amarillo como ellos) por 10 céntimos. Podría exportarlos, si los vendo el Plaza Cataluña a 50 céntimos estoy sacando 10 veces su valor en China. ¿Quien me fleta un barco?
Por cierto, los helados son para la enana cabezona y blandita Tou Tou..

Video ambiente de Pudong. (enlace)

4.6.08

Dia 5



Esta mañana me he despertado pronto. No porque quisiese, sino porque un monstruito de medio metro vagaba por la casa, y porque no tengo persianas en la ventana. En verdad anoche la contaminación lumínica manchaba de color rojizo toda la estancia, con una intensidad suficiente para ver con claridad. La cortina hace de filtro de color y cuando se acostumbran lo ojos todo pasa a ser sombra y salmón.
He estado toda la mañana trabajando, excepto un rato que he ido a comprar, y por la tarde me ha invitado a jugar a badmington Sophia, la madre de Tou Tou (los chinos se ponen nombre occidentales) con una pareja canadiense. Eso ha sido lo más interesante del día, que no ha sido como para guión de película.
Los chinos no beben nada mientras comen, si acaso caldo. Así que tampoco tienen vasos. Eso me ha supuesto un problema a la hora de cenar.














esto es lo que veo desde mi ventana

*recordad que haciendo click en las imagenes, estas se amplian...

3.6.08

Dia 4







Tras el plantón de la china que iba a alquilarme el piso, me plantee buscar otro que no fuese "el de la familia", un apartamento para compartir con una pareja y su hija. Tengo aun que averiguar exactamente donde está situado y si me ineteresa.
Al final he decidido que me arriesgaba a perder este también, que no está mal si no fuese porque está muy lejos del centro.
Así que me he presentado en el piso a las 13.30 hora local Shanghai. Aunque los chinos cada vez me parecen más distintos unos de otros, la chica que me ha abierto la puerta (canguro y empleada del hogar) era una más, mismos rasgos, ni idea de inglés. Pero estaba sobre aviso. He arrastrado la piedra que tengo por maleta que por poco le rompe la espalda al taxista, dentro de mi nueva habitación y me he instalado como si fuese mi casa. La habitación tiene una cama inmensa, un armario sencillito que no aguanta un terremoto, aire acondicionado, una mesa para trabajar y una ventana grande la cual encaro cuando me siento a trabajar.
Las paredes blancas de la habitación y la lámpara de techo plana y redonda son una alegoría al cielo blanco y al sol difuso que me encuentro un día más en la calle.
El piso tiene 3 habitaciones, una ocupada por la familia de la cual solo se el nombre de la niña de poco más de dos años (Tao Tao) , la otra la ocupa un chico africano llamado Jean Pierre que lleva aquí en este piso un mes y medio y en China 13.
La cocina es pequeñita, así como una nevera vacía cuyo motor emite un susurro que dice que en esta casa se come fuera.
Algunas consideraciones a cerca de la ciudad de Shanghai:
1- La comida es barata
2- La informática no es tan barata como cabria esperar comparativamente.
3- No hay cafeterías. Los chinos no se paran a tomar un café. Ni un te, no hay sitios donde "parar a tomar algo". En vez de eso hay clónicas tiendecitas de refrescos o móviles. Hay tantos clones como cafés y bares hay en Barcelona.





Pequeña compra de hoy:
- 2 paquetes de spaguettis frescos
- Gambas peladas congeladas
- Dos cocacolas de .6l
- Paquete de 300g de avena
- Plato de pasta prepárame-y-cómeme rápido para comer hoy
- Paquete de Chips Ahoy
- Paquete de chicle
------------------ 6.7€

2.6.08

Dia 3




Hoy el día ha amanecido ruidoso. Lo que parecian fuegos artificiales retumbaban entre los edificios solo para dejar paso al ensordecedor bramido de la ciudad que se cuela por la ventana y entre las cortinas, igual que se desparrama la luz de la mañana. Una vez más, y me temo ya que al menos hasta que llueva, no asoma el sol. Todas las horas de luz son bajo un techo grisaceo, denso y brillante que lo ilumina todo con luz difusa. No hay sombras en las calles de Shanghai.
Espero no mojarme con las primeras gotas que caerán tan corrompidas como el río Hangpu tras serpentear por todo el país saciando a su indústria.
Esta mañana me he paseado por el Bund, asaltado una vez y otra por mendigos, lisiados, vendedores de Rolex "no imita" y otras baratijas que no valen ni lo que pesan. Me he sentado en un estrecho pero pulido banco de marmol que recorre todo el paseo a hacer unos bocetos en una libreta, y me he visto rodeado en un momento por una muchedumbre sudorosa sufriendo el mismo calor de justicia que yo... y eso que solo es junio. Allí un joven me medio hablaba en inglés, y le he acompañado a un museo improvisado en la octava planta de un edificio ante el venido a menos aunque aun orgulloso "Peace Hotel". Dicha exposición mostraba obras de profesores y estudiantes de arte. Tras explicarme y mostrarme largamente (él y otra chica) los diferentes estilos de la pintura china, motivos, temas y figuras pictóricas, han entrado en derroteros menos desinteresados y han intentado venderme sus obras para ayudar a los estudiantes. Unos 20€ la obra, y 8€ cuesta su envío a España. Si a alguien le interesa arte chino, sus obras no están nada mal, y menos por ese precio…
A última hora la chica del piso al que me iba a mudar me ha dicho que se lo han alquilado a otro inquilino, así que posiblemente me vaya al piso peor comunicado, con la familia china. Sea como fuere, tiene que ser hoy.

1.6.08

Dia 2









Hoy el día ha amanecido más oscuro que ayer. Al principio pensé que eran nubes grises, más tarde me di cuenta que es la bruma contaminada que todo lo difumina. Hace un calor agradable, pero el sol no consigue penetrar la crosta impasible que todo lo domina en la distancia.
Shanghai de noche es Blade Runner sin coches voladores. Neones, edificios futuristas, asiáticos, solo falta la lluvia que tarde o pronto llegará. Chiringuitos humeantes sirven comida rápida a transeúntes amontonados a su rededor, chicas en vitrinas que emulan el barrio rojo de Amsterdam saludan y sonríen invitando a visitar su burdel.

“You want lady, ma?” me preguntan jóvenes y viejos. Ante mi negativa insisten “massage?”.

Hoy he visitado tres pisos que compartir. El primero, en un barrio humilde y relativamente apartado del centro, era una muerte anunciada. Subiendo las escaleras ya sabía que no era caballo ganador. Una vez dentro me di cuenta que no asistieron al cursillo de barrer las esquinas. Joey, un joven chino que trabaja para una multinacional japonesa (habla chino, inglés, japonés y quien sabe que más) me deleitaba con sabios juegos de palabras las maravillas de la localización en la que está su pisito de 50 metros.

El tercer y último pertenece a una familia china. Los jardines en la entrada tenían rincones temáticos: un panteón romano con una fuente invitaba a sentarse a tomar el sol (oculto) o a leer allí sentado oyendo el salpicar del agua. Me hubiese quedado con la pequeña familia si no fuese porque está mal comunicada y no tiene servicios cerca.

El piso ganador es el más caro, saldrá por unos 250€ mes, compartido con una chica italiana y otra china. Su principal ventaja es que el metro está a cinco minutos, y tiene un centro comercial que hace palidecer a El Corte Inglés, con nueve pisos de tiendas occidentales, de ropa mayormente.

Auriculares con micrófono gama alta china: 12€

Comida a base de arroz con cebolla, lomo y huevo: 2€

Cena de sopa de pollo (con pollo): 2€

Gasto en taxi del dia: unos 25€

En el hotel tengo televisión (29 canales en chino y uno en inglés), dos camas individuales, mesa, Internet, aire acondicionado y un baño limpio y decente. En televisión los chinos han transformado la tragedia del terremoto en motivo de unión nacional, y los cooperantes y salvavidas son héroes por unos días, que salen cantando en televisión estilo “a por ellos” de la selección española.

Mañana toca trabajar un rato, consulado y empezar a preocuparme por el visado.