25.7.08

Dia 54













Con los caseros de vuelta nos despertamos cada mañana. Desde luego diez días sin ellos ha sido un descanso y un lujo.
El “gordo”, neoyorquino de unos sesenta años, duerme tirado en un sofá y habla poco pero a gritos, contrastando con su menuda hija “autista” que habla en susurros de exagerada timidez. Tengo la teoría de que esta chica tiene algún problema, claramente mental pero no se de que naturaleza.
Nueva York es una ciudad donde las paredes de las casas son de pladur y el mármol de las cocinas de plástico. El metro, viejo y sucio, tiene un extraño encanto. Si al menos no hiciese ese calor infernal ahí dentro… en la inevitable comparación con Shanghai, Nueva York no tiene todas las de ganar. En ocasiones me parece no haber salido de China por la falta de mantenimiento que avoca a instalaciones y aceras al caos.


Pero en el Nueva York urbano de parque y callejeo se respira una calma que en Shanghai es imposible. La zona de Brooklyn en la que vivimos es tan tranquila que apenas pasan coches. Calle adoquinada y bacheada transitada principalmente por camiones tanto de día como de noche, con un estruendo que sobresalta, pero no se ve un alma casi todo el día, solo se oye el rumor lejano del trafico cruzando los puentes a ambos lados este y oeste.
Ei, aqui se ve el cielo azul cada día.

20.7.08

Dia 49











Los primeros días neoyorkinos han venido acompañados de clima mediterráneo y calores despiadados, de noches calientes y brisas inexistentes.
Me despierto a las seis de la mañana cada día, por el calor y la luz temprana. No hay problema, me acuesto pronto.
Moma, Guggenheim, Central Park y edificios insignes entre otros destinos de interés se parten el pastel de la visitas.
Vivo solo con Anna, los caseros están de vacaciones y hasta hoy, apenas les he visto el primer día. Desconocemos la fecha de regreso que nos tememos temprana…
Ayer comimos en un japonés, nada barato para variar. La comida, frugal pero sabrosa, costo 17.35 dólares, con vistas a visitar algún otro destino rumbo a acabar de llenar el buche. Abandonamos el local, y al salir por la puerta, la japonesa que regenta el local sale corriendo tras nosotros:
- Pueden dejar propina por favor?
- Propina?
- Si, no han dejado propina.
- Oh, lo siento, no soy de aquí, debo dejar propina?
- Normalmente el diez por ciento del importe.













Me choca sobremanera la lógica diferencia en los precios con respecto a SH. Entre cuatro y ocho veces todo más caro. En Barcelona, seria diez veces más caro todo.
Choca así mismo el tamaño de la gente. Del menudo chino flacucho y bajo al obeso o musculado armario yanki. Porque así son las cosas en Nueva York, los tres equipos juegan con el mismo numero de jugadores. A partes iguales gente de McDonalds, tíos de gimnasio y… supongo que sanos de ensaladas.
Me encanta el paisaje urbano de Nueva York, con sus edificios de ladrillo rojo estrechos de diferentes alturas, con escaleras de incendios que son esqueletos de metal que se encaraman escalando por las fachadas.

14.7.08

Dia 44







El final del viaje transcurrió sin muchas mas aventuras. Antes de coger el avión compre tres coockies que me costaron 5 dólares con 5 centavos. En el avión desayune de nuevo, cuatro galletas mas con te. Al llegar, Anna me tenía otro desayuno que no fui capaz casi de probar, no solo por la cantidad de lo ya ingerido, sino por la desorientación de mis tripas tras dos días sin dormir.
El aeropuerto de La Guardia es un agujero aparentemente desorganizado y caótico, sin apenas seguridad, extraño contraste con lo vivido hasta el momento. Si el viaje en taxi en Shanghai desde el aeropuerto fue casi suicida, no da mucha mas confianza este Ford de grandes dimensiones que arranca con furia y acelera a 80Km por hora por las calles de Nueva York.
El piso compartido es relativamente pequeño, aunque la habitación es acogedora. Un yanki obeso que duerme en el sofá, y duro de oído, me da la bienvenida a gritos, así como su hija de 32 anos que chapurrea algo de español.
Nueva York es una ciudad de dimensiones abrumadoras, como Shanghai, pero mas cercana. Los rascacielos a pie de calle no se ven como montanas lejanas, son gigantes que puedes tocar acercando la mano. No obstante la diferencia radica en que Nueva York es una ciudad de larga historia constructiva, frente a un Shanghai que apenas esta explotando.
Por la ventana, el bramido de la ciudad es el mismo, sonidos lejanos que llegan como murmullos multiplicados. Pero el ambiente es mucho mas parecido a ciudad mediterránea, ambiente menos húmedo y mucho menos caluroso, lejos del infierno aplastante que es Shanghai.
Sábado y domingo transcurrieron entre visitas a sitios interesantes y siestas en Central Park, intentando re3cuperarme de3l jet lag y de un cuerpo descolocado sin sueno mas de dos días.

13.7.08

Dia 41








La última mañana en Shanghai transcurre sin novedad.
El viaje al aeropuerto no se hace mas corto que el de hace 40 días.
Apenas llego a facturar mi maleta, empiezan los problemas.
- Su visado ha caducado
- Lo se
- tendrá que pagar una multa
- Lo se
- Lleva una maleta que pesa demasiado
- A la venida no hubo problema
- El peso máximo permitido es de 26 Kilos por bulto
- que hago?
- Compre otra maleta o pague 540 yuanes.

Viendo que el problema, como la gran mayoría, se soluciona con dinero, sopeso el posible precio de una maleta más la molestia de rehacer el equipaje con la multa de sobrepeso. Adquiero una maleta nueva por 285 yuanes en una tienda del aeropuerto. Maleta que habría costado en Shanghai posiblemente poco más 100.
Divido mi equipaje y me dirijo de nuevo a la señorita de cara inexpresiva pero de tono cordial. El equipaje vale, pero hay que solucionar el tema del visado. Largas esperas que acercan la hora de embarque con idas y venidas de un agente de seguridad femenino a la oficina de inmigración.
- Acompáñeme.

Con el pasaporte mas tiempo en manos ajenas que en las propias, me conducen a una sala donde, a la hora en punto oficial de embarque, me hacen firmar tres documentos en chino que me traducen como pueden y desembolso otros 500 yuanes. Suerte que venia preparado. Toca correr a coger el avión. Al llegar, sin muchas prisas conociendo los lances de esperas en los aeropuertos, la gente ni siquiera embarca aun. Al rato, en el avión veo con malos ojos la cabina llena hasta los topes, y recuerdo con nostalgia la venida con el avión vacío y toda una fila para mi solo.
Me paso todo el viaje viendo películas, apenas pego una cabezada. Tras unas 10 horas, aunque no puedo asegurar el tiempo exacto pues he perdido la cuenta, aterrizamos en Toronto.

No se muy bien porque, tengo una especie de mala suerte con las maletas y las mías siempre son de las ultimas. Para hacer transbordo a EEUU debes recoger el equipaje y facturar de nuevo.
Pero antes de facturar, y con las maletas a cuestas, pasas por un control de aduanas.
En el avión nos han repartido el impreso incorrecto. Mal comienzo con los agentes aduaneros, con los que hay que andar con pies de plomo. A estos yankis les encanta la prepotencia, se ve a la legua.
Relleno el formulario correcto, y me dirijo a la ventanilla 31. Un yanqui asiático repeinado aunque poco poblado, de cara sudorosa y grasienta, me mira con mala cara desde que asomo yo la mía, a pesar de lucir mi mejor sonrisa y tono cordial.
Me hincha a preguntas irrelevantes:
- ... y cuanto ha estado en Shanghai?
- 41 días
- y cuando va a est4ar en EEUU?
- 49 días
- Ha estado en Shanghai 49 días y va a estar 49 días? –dando a entender que tal coincidencia es solo fruto de la mentira o signo inequívoco de delincuencia.
- No, he estado 42 y voy a estar 49
- Eso suman 91 -Premio Novel pienso yo, y habría dicho mi padre.
- Hay algún problema?
- trabaja usted?
- Si, soy diseñador freelance
- y como trabaja si viaja tanto?
- porque solo necesito internet y este ordenador para trabajar

Largo rifi rafe con este hijo de puta, repitiendo sus preguntas y mis respuestas como si fuese gilipollas y largos ratos delante de la pantalla averiguando quien sabe que, tras sellarme los documentos, viéndome yo libre por fin, por alguna razón cambia de idea y me tacha impresos y tarjeta de embarque con un rotulador rojo.
En un flash veo escaparse mi avión a Nueva York sin mí en un asiento. En otro veo sus gafas caer al suelo ensangrentadas tras romperle la cara de un revés.
Mete mis documentos en una carpeta marrón, del color que se archivan los Expedientes X:
- Diríjase a esa puerta con el cartel del mismo color que la carpeta.

Vital se arrastra vencido y entra por una puerta que se abre solo desde fuera. Dentro, una sala de espera llena de presuntos criminales tales como una señora mayor en silla de ruedas, o un matrimonio chino con tres hijos.
En esa sala veo pasar los minutos y, en un monitor de letras amarillas y códigos alfanuméricos, las líneas van desapareciendo hasta que, de repente, el Canadá Airlines 726 se desvanece.
Nuevo interrogatorio al rato, cuando me llega el turno, registro y untada de vaselina.
Registra mis libretas, lee unos impresos de remedios de la abuela con cara de buscar recetas de bombas caseras o peor, versículos del Coran. Abre mis cajas de rotuladores, examina los medicamentos de mi botiquin... Este nuevo agente no parece vislumbrar los motivos de mi presencia en la sala, así que indaga todo lo que puede contrastando lo que digo con el monitor.
- A quien viene a ver?
- Porque?
- De que la conoce?
- De donde es?
- Cuanto lleva en EEUU?
- Donde se hospedara.
- Donde se hospedaba en Shanghai... ha dicho Shanghai o Beijing?
- A que se dedica?
- Viene por negocios?
- Seguro que no viene por negocios?
- Viene de turista o por negocios?

Aclarado que soy un pringadillo que viene de visita con un par de maletas llenas de basura sin interés policial, yo y mis 24H sin sueño salimos de esa sala de tortura con mas adrenalina que sangre en las venas.
Me acerco a una ventanilla de Canadá Airlines. Me cambian el billete para las 6.20, dentro de casi 10 horas. Que haces tirado en el aeropuerto de Toronto tirado 10 horas?
Empecemos por llamar a Anna, y decirle que no espere despierta. Necesito una tarjeta telefónica para llamar a un móvil de EEUU, pero no comprada con Euros o yuanes, eso no es posible. Cambio a dólares para que me cambien a Canadienses para poder comprar la tarjeta. Con Anna al corriente, me siento a escribir esto con un bocadillo frío y una cocacola, con la cabeza dando vueltas y el cuerpo dolorido de cansancio.
El resto de la noche y madrugada transcurren deshojando La Sombra del Viento, y dando sorbos a un refresco tibio por añadir algo al estomago o aburrimient4o. La calma del aeropuerto desierto la rompe solo la megafonía recordando las normas con respecto a los líquidos, y la pulidora para el suelo de mármol. La falta de sueño y esta sensación en las tripas me recuerda a aquellas largas noches en vela de bocetos a lápiz, efluvios de rotulador y photoshop.
Me veo a mi mismo como esos espectros avistados tantas veces, dormitando en el aeropuerto de Barcelona con los pies sobre las maletas, cuya suerte deseaba nunca compartir.
Por fin llegan las cinco de la mañana y puedo facturar de nuevo mi equipaje. Parece ser que no me libro yo de problemas con el equipaje. Auguro perdida de maletas en Nueva York, ya solo falta eso para que sea perfecto. Resulta que una maleta de las dos pesa un poco mas de lo que debe, apenas medio kilo, y no pasa. De nuevo me pregunto porque en un sitio vale pero en otro no, siendo esa misma maleta. Hago lo que puedo para transferir peso de una maleta gigante medio vacía a una mediana a reventar. Tras tres intentos, la señorita facturadora me perdona 200 gramos.
Resulta que a pesar de tener visado, tengo que rellenar de nuevo los impresos. Así que hago la cola de aduanas dos veces, de nuevo. Mismas preguntas de rigor, y de nuevo el tío este que me toca no se cree mi historia, le parece mucho un mes y medio de estancia en Nueva York como para ser ya no normal, sino bien intencionado. El hombre se toma un minuto eterno de tiempo para tomar una decisión. Mientras tanto yo estoy entre la posibilidad de volver a Shanghai o quitarle la pistola y liarme a tiros, por dar razones de peso para todo este embrollo. Se me toman las huellas y se me hace una foto, una vez mas, como a un criminal, y se me sellan los papeles.
Pero… ahora toca registrar. No es que tuviese un cuchillo oculto en un dobladillo, pero sin zapatos y siendo registrado dos veces dudas hasta de la peligrosidad de unos botones metálicos, que no paran de pitar.

Mañana seguiré contando, que esto parece una maratón.

9.7.08

Dia 38








Hoy Shanghai se ha enterado que me marcho. Ha querido chantajearme como una niña caprichosa, restregándome por la cara mi marcha con un día como no los hay en las ciudades chinas. Cuando me he asomado por la ventana, el cielo azul de nubes algodonosas presidía el paisaje. Pero Shanghai ponía toda la carne en el asador, limpiando su atmosfera e, inexplicablemente, se mostraba desnuda sin su velo blanco que todo lo cubre. Claro y limpio, si hubiese horizonte en las ciudades de rascacielos hoy lo habríamos visto. Como mujer de piel suave, clara e impoluta, hasta los edificios más alejados se mostraban con todo detalle, sintiendo ese mismo escalofrío que recorre la espalda.
La cámara me quemaba las manos todo el día, gimiéndome presionar el disparador en cada esquina, la luz incidiendo en los edificios, arrojando sombras, recortando siluetas ocultas y desconocidas, contrastes que revelaban nuevas formas. Las nubes se escapaban rápidas y furiosas por el firmamento, empujadas por un viento invisible y vigoroso. Esa luz brillante amarilla que da el sol desprende nuevos colores en Shanghai. Aunque hacia calor, no era tan agobiante como otros días. Es eso posible? Tras días de lluvia, seguidos de agobiante calor encapotado, un día claro y soleado cual mañana soleada en Barcelona. De repen4e Shanghai dejaba China y de mudaba a Europa, callejones sacados de Paris, sacados de Ámsterdam, que recorro entre chinos con parasol.











Aunque siguen siendo los mismos, son incluso mas conscientes que yo de la rareza de semejante galería. En un paso de cebra de Nanjing Lu, fotografían los mismos encuadres que yo, como si el occidental supiese mas que ellos de su propia ciudad. Algún chino me ha dicho, al ver las fotos que hago, que no era consciente de la belleza de Shanghai. Me siento identificado conocedor de esa revelación pero en mi caso, a orillas del Mediterráneo.












Si hay un lugar que visitar en Shanghai en un día especial, ese es el Bund. Un atardecer visto en Pudong multiplica su belleza. Los edificios se visten de plata y azul, como cuchillos al cielo. Reflejos y estelas doradas, paisaje cambiante a cada momento. Si alzan más orgullosos, compitiendo en altura. El paseo esta abarrotado de gente fotografiando. Pero el mediodía diluyo las nubes como la nata, desparramándolas y dejando apenas trazas dispersas aquí y allá, así que el día se quedo sin final pomposo. Hoy he decidido optimizar poco las fotos para que podáis disfrutarlas en alta resolución, aunque pesen. Si hay un día que lo merece, es este.










Me marcho el once a Nueva York, volveré si no hay novedad el uno de septiembre.

5.7.08

Dia 35







Shanghai tiene dos clases de habitantes. Unos, trabajan por el día en su oficina, vuelven a casa a cenar pronto y se meten en la cama, haciendo vida hogareña.
La otra mitad no vuelve a casa, se queda haciendo su vida tranquila en la calle, comiendo pinchos y viéndome pasar. Gente con los comercios abiertos hasta la madrugada, a lo mejor cabeceando en el chiringuito, tumbados en tumbonas.
Hoy me he mezclado con ellos. Me he paseado comiendo pinchos aquí y allá. Os muestro un video en el que Wang, un hombre menudo me prepara pinchos de cordero en unos alambres que se reutilizan una y otra vez, sin ser lavados jamás por supuesto, en la calle Tian Ai. Sobre un perfil de acero tiene dispuestas unas brasas, pone en marcha un ventilador que las aviva por un lado y por el otro le da con un abanico, mientras habilmente agita la carne y la distribuye para que no se queme.
He comido dumplings en Shan in, en un restaurante llamado Wan Shou Zhai, famoso por ser de los mejores en dumplings, a pesar de ser un local pequeño y sucio, donde para no faltar a la costumbre, no proporcionan servilletas, ni platos... solo unos palillos de usar y tirar. El dumpling se coge de la bandeja con los palillos, se moja en vinagre, y usando un cuchara se le practica un orificio con los dientes por el que se succiona el caldo de la carne que tienen en el interior. Después se come entero.


En Shanghai hay mil tipos de policía distintos, y agentes de seguridad. La policía no va armada, mas que con pistolas de descarga eléctrica. Ayer, un hombre incendio una comisaría de policía, y aprovechando la confusión mato a cuchillo a seis agentes, e hirió a otros cuatro agentes gravemente antes de ser reducido. No ataco a ninguna mujer, y según parece no se dan a conocer las posibles razones del hombre para tal barbaridad a la vez que extraña proeza.
El mundo esta loco en todos lados.

2.7.08

Dia 32

Hoy es día sin fotos. He dejado la cámara en casa, y no podía ser en peor día. He ido a comprar alguna camiseta y tal... caminando por Ninjang Lu hacia el Bund ha llovido un poco. Al salir de una tienda, he visto el arco iris sobre Pudong, y me he dirigido al paseo del Bund para contemplarlo. Al llegar, me esperaba un paisaje increíble de nubes de algodón rosa paseándose majestuosas tras los rascacielos, un cielo azul intenso degradando hacia naranjas en el cenit, y un arco iris gigantesco coronándolo todo flotando como si fuese de otro mundo. En los edificios un baño de luz dorada del sol agonizante desde el oeste, y justo en ese momento los millones de luciérnagas que los iluminan por la noche han hecho su aparición. Paisaje idílico donde los haya, se ha prolongado largamente, y según se iba apagando tímidamente desde el sur como una marea negra una pared de nubes negras ha invadido el cielo, convirtiendo el atardecen en noche muy de forma temprana y repentina, de esas noches artificiales que asustan.
El temor a la lluvia torrencial y despiadada me ha hecho poner pies en polvorosa y volver a casa.

Dia 31








Pues tras unos días de clama gracias a la lluvia, ha vuelto el infierno a Shanghai. Aun peor, la burbuja de neblina en la que se oculta la ciudad se ha abierto por el techo, y por el se asomaba el sol. Al salir a la calle, me ha sorprendido gratamente ver nubes, pero el bochorno te aplasta contra la acera, el sol calienta todo al rededor con la consecuente irradiación por doquier.
La vida en Shanghai no cambia, la gente lleva igualmene el paraguas para tapar el sol esta vez, aunque los 40 grados no te los tapa nada. La gente sigue saliendo a la calle, los coches circulan, así como los ciclistas, no quiero experimentar semejante padecer.
Los chinos, en tanto que raza humana, no huelen mucho. Así un autobus atestado de chinos sudorosos, afrotunadamente, no es maloliente.
En el autobús que avanza a trompicones por las maltrechas calles de Shanghai me agarro a una barra dispuesta a tal efecto... pero con el asco que siente el que sabe que eso no se ha higienizado en la vida, y que los chinos son unos guarros. Por la calle la gente escupe, sacando todo lo que tienen dentro sin pudor alguno. Hasta la señorita mas delicada te suelta un eructo de campeonato y se queda tan tranquila.
Los chinos no te piden perdón si chocan contigo accidentalmente, te aparan de un empujón si estas en medio por no esquivarte, y para ellos pedir las cosas por favor o dar las gracias siempre, es demasiado raro.
El saludo cordial de un chino entre desconocidos a lo máximo que aspira es a un estrechon de manos, en cambio cuando das algo a alguien, como una tarjeta de visita, debes hacerlo con las dos manos e inclinando la cabeza en señal de la importancia del presente y lo que te cuesta desprenderte de el.
En Shanghai anochece pronto, como a las 6. Hora a la que cenan, y después se quedan con el estomago vacío presumiblemente hasta la mañana siguiente. Hay un centro comercial llamado "fake" (falsificación o engaño en ingles) en el que todo es, precisamente eso, falso. Puedes encontrar de todo, desde ipod hasta palos de golf, de ninguna o de cierta calidad. Es como un huevo Kinder, nunca sabes que te toca.
Podría enseñaros algo de chino, como "ni hao", que es "hola"; o "ni jiao shenme", que significa "como te llamas?". Pero se pronuncia de forma tan rara y debe ser esta tan perfecta, que no serviría de nada.
En Shanghai comprar algo de calidad en la calle, es tarea casi imposible. Las falsificaciones de las falsificaciones pueden durarte lo que el viaje a casa. Como es lógico, si no eres chino, igual pagas hasta cuatro veces más.